Primera plana

Ejercicios espirituales, método eficaz de evangelización todavía hoy

J. Hoyo

Retablo de la capilla de San Ignacio en Villagarcía de Campos (Valladolid).

Se cumplen ahora los 500 años en que un estudiante universitario llamado Íñigo de Loyola comenzaba a ensayar una predicación incipiente de los ejercicios espirituales en Alcalá de Henares (1526) «para aprovechamiento de los próximos». Un V centenario que quizás pase desapercibido en la Iglesia y, sin embargo, iniciaba él entonces —bajo la lupa de las sospechas de la Inquisición— un método revolucionario que habría de convertirse en la verdadera reforma de la Iglesia, una reforma desde dentro, desde el corazón de cada hombre, frente a la que pocos años antes (1517) había proclamado Lutero, una reforma de las estructuras, que decidió la gran división de la Europa occidental en dos bloques. Por eso León XIII decía a finales del siglo XIX, en un momento de eclosión de los movimientos sociales, que «la cuestión social se resolvería con solo vivir el Principio y Fundamento de los Ejercicios de san Ignacio».

Parece que se los había inspirado la Virgen en Manresa unos años antes (1522), y los fue perfeccionando poco a poco hasta darlos por concluidos en 1548, año en que fueron aprobados por el papa Paulo III. Aquel método fue tan revolucionario para el cambio de vida de las personas (se comenta que Francisco de Sales dijo que «el libro ha hecho más santos que palabras contiene») que los papas consideraron que los religiosos debían hacerlos cada año, y se recomendaba que todos los fieles cristianos los hicieran alguna vez en su vida. Durante estos cinco siglos se han seguido dirigiendo innumerables tandas de ejercicios, aunque parece que en los últimos tiempos se han ido relegando y sustituyendo por otros métodos espirituales.

Actualidad

Podría parecer que los ejercicios ignacianos con su silencio y su soledad ya no son aptos para la sensibilidad del hombre actual y que hoy se necesitan otras dinámicas, con más estudio de la Sagrada Escritura, con más diálogo, con distinto desarrollo emocional, con una orientación más psicológica o con más carga de afectividad, sin embargo su riqueza no se ha agotado. Los últimos papas se han hecho eco de su importancia. El papa Francisco, buen conocedor de ellos, desarrolló extensamente las reglas ignacianas en las catequesis de 2022. El papa León XIV, por su parte, en un discurso a los rectores de las universidades jesuíticas (26-6-2026) ha comentado explícitamente que la primera preferencia apostólica universal de la Compañía es «señalar el camino hacia Dios mediante los ejercicios espirituales y el discernimiento». Y añadió algo muy significativo: «Es esencial brindar oportunidades para que los miembros de las comunidades académicas aprendan a conocer a Aquel que es la Verdad». En ese mismo discurso señaló que «los principios de los Ejercicios relativos al discernimiento pueden ser herramientas útiles para que estén abiertos a las sugerencias del Espíritu Santo en las decisiones que toman a diario».

Cierto, la actualidad de los ejercicios ignacianos es indudable. Hoy el hombre contemporáneo busca el conocimiento de sí mismo, busca la trascendencia en las más diversas creencias, busca en medio de sus inseguridades a personas que lo asesoren y le orienten en sus grandes decisiones, se mantiene inseguro y le gustaría saber discernir ante las grandes (y no tan grandes) resoluciones de su vida, por lo que ha surgido todo ese número de anglicismos: coaching, mentoring, counseling que nos están invadiendo, desconociendo que todas esas búsquedas las proporcionan unos buenos ejercicios y un buen acompañante.

Porque sería un error pensar que a ejercicios vamos a rezar (o solo a rezar), sino que los «exercicios espirituales son para vencer a sí mismo y ordenar su vida, sin determinarse por affección alguna que desordenada sea» según escribe el propio Ignacio en su proemio [23].

En realidad, unos ejercicios ignacianos son como un chequeo a fondo de la persona humana, que va al hospital y entra en el tubo para que le hagan una resonancia magnética. «La mayoría de los hombres enfermos dicen que están sanos» (Isaac de Nínive), y ese es su gran problema, no enfrentarse a conocer el estado de su salud. Después de entrar en el tubo para un chequeo rutinario, podemos comprender todo lo que no funciona en nuestra vida, y ponemos mano a la obra para enderezarlo. Como hacemos con el cuerpo, lo hacemos con la vida del espíritu. Al contrastar su vida con la de Cristo, va viendo el ideal al que debe conducirse y comienza a configurar su vida al estilo de Cristo. Por medio de una persona que interpreta y va dirigiendo todo el examen personal, cada uno se va convirtiendo en la persona que va a reconducir su vida.

Puede decirse que los ejercicios son un arma eficaz de primera evangelización, porque personas que nunca han oído hablar de Dios «son seducidas —como dijera Antonio Banderas ante el Papa en el Movistar Arena de Madrid— por el hechizo de Dios» (7-6-2026). Tamara Falcó los practicó en 2011 y ha declarado: «Fue como un máster en catolicismo […] A partir de entonces Él está sanando, poco a poco, las heridas que acumulaba en el corazón». Hay un testimonio interesante, el de Andrew Garfield, protagonista de Silencio de Martin Scorsese (2016). El actor practicó los ejercicios en Irlanda para hacer el papel de jesuita en la película, hecho que marcó un hito definitivo en su vida: «Hubo muchas cosas en los ejercicios que me cambiaron y me transformaron, que me mostraron quién era yo y dónde creo que Dios quiere que esté»; pero quizás la confesión más reveladora fue: «Lo que fue realmente fácil fue enamorarme de Jesucristo. Eso fue lo más sorprendente».

Cada año jóvenes y adultos (solteros, casados y divorciados) reorganizan su vida humana y espiritual, hallan la voluntad de Dios para sus vidas, se encuentran con un Dios cercano que los ama y perdona, se comprometen socialmente con una sociedad que los necesita, a partir de una experiencia de choque que es pistoletazo de salida y debe ser alentada diariamente con la oración y el encuentro con Dios.

Hagase
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