Por Juan Manuel Calubag y Dani Toraño
La Guadalupada del 2025 nos sirvió como el panteón espiritual perfecto y la antesala idónea para el inminente Año Jubilar Guadalupense 2026-2027. Con la gran gracia concedida por la santa sede que abrió la Puerta Santa el 30 de agosto de 2026 bajo el lema Tu madre te busca, los jóvenes de la Milicia ya han comenzado a abonar el terreno del corazón. No se pudiera haber dado mejor pistoletazo de salida para el mes de mayo que con esta peregrinación. En dos días, cuyo eje fue la marcha hacia la Virgen de Guadalupe en Extremadura, quince personas nos consagramos a la Virgen María con gran devoción, en un ambiente enriquecido con momentos de silencio, oración, reflexión y una plena relación fraterna.
El viaje y la acogida en Roturas
El día 30 de abril, partimos desde el Hogar de Madrid hacia el municipio de Roturas, en Cáceres. Aunque el viaje fue largo, nos entretuvimos con cuestiones teológicas interesantes y recordando la estela musical de pasadas generaciones de la milicia. Durante el trayecto rezamos el santo rosario y compartimos testimonios alentadores de amor mariano, rodeados por la exuberante vegetación de vivos colores que proclamaba la fuerza del creador en la comarca de las Villuercas-Los Ibores y La Jara.
Al llegar, la familia de Mario Fernández (abuela, padres y hermana) nos brindó una acogedora e inolvidable cena en su casa, haciéndonos sentir parte del hogar entre anécdotas personales. Posteriormente, nos dirigimos a la iglesia de Roturas para celebrar una Vigilia nocturna. Con la ayuda de un lector guía, reflexionamos sobre el sentido de nuestro caminar y escribimos una carta íntima a la Virgen. Al filo de la medianoche, subimos a pernoctar a un albergue en la cima de un monte, esperando el gran día.
Caminata hacia el Santuario y Misa del Peregrino
A la mañana siguiente, tras un desayuno comunitario en una fresca alborada primaveral, viajamos en coche hasta el punto de inicio de la caminata hacia Guadalupe. El trayecto a pie se llenó de direcciones espirituales, testimonios evangelizadores y conversaciones profundas que unieron estrechamente al grupo, en especial a los nuevos integrantes.
Finalmente alcanzamos Guadalupe y participamos en la emotiva misa del peregrino de las 12:00 h, llegando justo a tiempo gracias a la impecable gestión del joven coordinador, Dani, quien distribuyó con acierto las tareas logísticas y de oración. Tras la eucaristía, compartimos una comida enriquecida por los apuntes históricos de José Antonio Benito, quien recordó el valor del Real Monasterio (declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1993) y su íntima vinculación con la evangelización del Nuevo Mundo. Concluimos la tarde dedicando un último rosario a la Virgen dentro de su santuario.
Un horizonte de esperanza
Antes del regreso, formamos un círculo testimonial donde brotaron sentimientos de profunda gratitud y paz. Algunos jóvenes destacaron cómo la peregrinación les devolvió la serenidad a pesar de no tener ánimos iniciales para asistir, mientras que los nuevos miembros agradecieron la reconfortante acogida del grupo.
Esta Guadalupada no fue una ruta turística, sino un compromiso peregrino. Nos ha dejado un mensaje de paz, virtud y fraternidad de cara a la misión evangelizadora. Ha sido una llamada a vivir en servicio y entrega al Señor, modelados por María, preparándonos con el corazón encendido para cruzar las puertas del Año Santo en 2026.



