Primera plana

San Alberto Hurtado: Chile y toda la tierra como país de misión

Jesús Amado

San Alberto Hurtado (1901-1952), apóstol de Chile.

El papa Pablo VI, en una homilía el 3 de enero de 1964 señalaba que toda la tierra es país de misión, y de esta certidumbre se haría eco el P. Morales tanto en alguno de sus escritos como en intervenciones orales.

Pero el manantial de esta idea apostólica se encuentra cronológicamente aguas arriba. Si bien en 1943 los sacerdotes franceses Yvan Danie y Henri Godin publicaron un libro con el inusitado título ¿Es Francia un país de misión? (libro que, por cierto, marcó un antes y un después en la pastoral de la Iglesia católica al revelar la descristianización de la clase obrera y el mundo urbano), hay que señalar que dos años antes se había publicado en Chile un primer libro que se atrevía a poner en cuestionamiento la vivencia de fe de sus compatriotas. Su título: ¿Es Chile un país católico? Su autor era el jesuita Alberto Hurtado. Merece la pena traer a nuestra revista la semblanza de quien la Iglesia un día (23 de octubre de 2005) canonizaría.

Alberto Hurtado nació en Viña del Mar (Chile) un 22 de enero de 1901. A la edad de ocho años ingresó (con una beca, por las estrecheces económicas de su familia) en el colegio San Ignacio en Santiago de Chile, dirigido por la Compañía de Jesús. Formó parte, desde muy joven, de la congregación mariana del colegio, y comenzó muy pronto a ejercitar el apostolado en el barrio donde residía, donde dedicaba las tardes de los domingos al trabajo social. Seguía así el consejo de su madre: «Es bueno tener las manos juntas para rezar, pero es mejor abrirlas para dar».

Alberto, aún antes de terminar sus estudios secundarios, y después de cumplir los 15 años, decidió pedir su ingreso al noviciado de los jesuitas. Pero fue disuadido por su padre espiritual, quien le aconsejó terminar la educación secundaria e iniciar una carrera universitaria, no por falta de madurez y decisión, sino por la especial situación económica de su madre y hermano, ya que su padre había fallecido en 1905.

Por eso postergó la decisión. Y al terminar el Bachillerato, en 1918, ingresó en la Universidad Católica, en la Facultad de Derecho. Aunque al mismo tiempo proseguía con su trabajo entre los obreros y necesitados, sin descuidar la vida espiritual.

Finalmente, en agosto de 1923, recién obtenido el título de abogado, Alberto fue admitido en la Compañía, iniciando su noviciado en Chillán. Y un 15 de agosto de 1925, día de la Asunción de la Virgen, hizo sus votos perpetuos.

A mediados de 1927 fue enviado a Barcelona para iniciar sus estudios de Filosofía. Residió en Sarriá. Dos años después, en julio de 1930, el obispo de Calahorra, monseñor Fidel García, le dio la tonsura y le impuso las órdenes menores hasta el acolitado. Dos años después, con el advenimiento de la Segunda República, la Compañía quedó disuelta en España, y Alberto se vio obligado a continuar sus estudios de Teología en la Universidad Católica de Lovaina.

Allí, el contacto obligado con los jóvenes universitarios, entre los que había centenares de latinoamericanos, proporcionó a Alberto un campo que, ciertamente, no descuidó, iniciándose así en el amplio trabajo que realizó después en Chile con universitarios: charlas, jornadas y retiros espirituales.

En Lovaina, durante el tercer año de teología, recibió las órdenes del subdiaconado y el diaconado y, al término de él, el 24 de agosto de 1933, fue ordenado sacerdote por el cardenal van Roey, primado de Bélgica.

Y por fin, un 15 de febrero de 1936, llegó el P. Alberto Hurtado a Santiago de Chile. Solicitado desde las más variadas actividades pedagógicas y apostólicas, muy pronto empezó a dar tandas de ejercicios espirituales de dos, tres y hasta ocho días, con lo cual fue despertando un inmediato fervor en un gran número de muchachos. De hecho, el número de jóvenes que le pidió dirección espiritual aumentó rápidamente. Y muy pronto su «clientela» era de alrededor de 300 jóvenes —no siempre los mismos— y que se renovaba constantemente.

Y así, es en 1941 cuando publicó su libro ¿Es Chile un país católico? No cabe duda de que el libro fue una valiente voz de alerta y de estímulo que marcó como un hito en los trabajos pastorales de evangelización.

Ese mismo año, el P. Hurtado fue nombrado Asesor Nacional de la Acción Católica de jóvenes. Y en este cargo el padre no puso límite a su actividad y entusiasmo. Los centros de Acción Católica se fueron multiplicando en todo Chile que él recorrió desde Arica a Punta Arenas, animando con su presencia y su palabra. Sabía descubrir, animar y promover todos los valores de los jóvenes, especialmente los de generosidad. Mostraba metas e ideales altos y difíciles; quería formar líderes, héroes y santos. De esta forma, los 1.500 jóvenes distribuidos en 60 centros de Acción Católica que recibió el padre Hurtado, muy pronto se multiplicaron por diez: en 1944 había 15.000 jóvenes y 600 centros organizados.

Liberado de su cargo de Asesor de Acción Católica, en octubre de 1944, impulsado por su amor a los más pobres y desfavorecidos, creó la obra que más arraigó en Chile: El Hogar de Cristo. El poner ese nombre a una primera hospedería para transeúntes y mendigos no dejó de inquietar a algunos en un comienzo, pero pronto las hospederías se multiplicaron y dieron paso a los Hogares de niños; después, a los Talleres para regenerar y capacitar; después, a la construcción de casas para los marginados. El padre Hurtado nunca dijo «basta». Su palabra resonaba en la prensa y en las emisoras, y nunca le faltaron las ayudas generosas.

Seis años después de esta semilla, las camas de las Hospederías del Hogar habían alojado 700.000 veces a pobres que no tenían dónde dormir, y había repartido 1.800.000 raciones alimenticias. Nuevas construcciones estaban en marcha y eran ya decenas los exmuchachos de la calle, ya jóvenes obreros, que se ganaban la vida honradamente. Como prolongación del Hogar, había nacido la Sociedad Hogar Obrero S.A., la futura Hogar de Cristo Viviendas, para construir casas baratas, al alcance de los trabajadores, en terrenos aportados por el Hogar.

Y en el año 2003, esta obra estaba extendida en más de 60 ciudades de Chile y en unos 800 centros, desde hospederías, hogares de mujeres, de niños y de ancianos, talleres, policlínicos, hospitales, casas de rehabilitación para drogadictos, etc. Funciona también la Funeraria Hogar de Cristo, la Fundación Viviendas Hogar de Cristo y la Universidad del Trabajador, para capacitar a los más desheredados.

Un año antes de su fallecimiento (el 18 de agosto de 1952) aún tuvo energía para poner en marcha la revista Mensaje, que sigue publicándose en la actualidad con periodicidad mensual. Es la revista más antigua de Chile.

Hagase
Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.