Educar en la vida

Una vía de agua en nuestra mente

Juan Antonio Gómez Trinidad

Ilustración: José Miguel de la Peña.

¿Sociedad de la información o de la distracción?

El ser humano necesita información para vivir. Nunca como ahora fue tan fácil acceder a ella y en tal cantidad, hasta tal punto que hablamos de sociedad de la información. Además de los medios de comunicación tradicionales, la aparición de internet y el uso universal de los teléfonos móviles ha creado una nueva cultura. A título de ejemplo, en España hay 63 millones de móviles, —muchos más que personas—, que permiten tener acceso inmediato a la información, la distracción, la comunicación y, en caso necesario, hasta podemos hablar por ellos.

Así como el barco no puede navegar sin agua, el hombre no puede vivir sin la información. Pero siguiendo con la metáfora naval, un barco puede naufragar si una ola enorme lo engulle o si tiene una vía de agua que lo inunda por dentro.

En el primer caso, la ola gigantesca de nuestra época es la hipertrofia informativa que satura nuestra mente. Los terminales telefónicos antes citados nos permiten el acceso a millones de páginas web —se calcula que hay activas unos 250 millones y cada día se crean más de 250.000 nuevas—. En ciberseguridad se conoce como ataque de denegación de servicio (DDoS) a la técnica que colapsa una web al enviarle un tráfico masivo imposible de gestionar. Nuestra mente sufre hoy un ataque idéntico. Abrasados por miles de estímulos diarios, terminamos saturados, anestesiados, indiferentes e incapaces de asimilar, recordar o reaccionar.

En el segundo caso, la vía de agua que inunda el barco sin control es la distracción. Su significado original, «desviarse del camino principal», ha derivado en falta de atención o mero entretenimiento para pasar el rato. En el fondo, la sociedad de la información no es más que la sociedad de la distracción, cuyo síntoma más alarmante es la incapacidad de sostener la mirada sobre un objeto o una idea durante un tiempo prolongado.

Los factores que provocan la dispersión o falta de atención, son múltiples: unos de índole externo como, son las nuevas tecnologías de la comunicación y el incremento exponencial de los contenidos que reclaman nuestra atención. A modo de ejemplo, solo para ver todo el catálogo de YouTube se necesitarían miles de años sin parar un segundo. Hay que señalar, además, que las plataformas son muy adictivas gracias a los algoritmos y demás técnicas de manipulación que nos atrapan. Se habla incluso de una economía de la atención o incluso de una guerra silenciosa por el control de nuestra atención. Si servicios como WhatsApp, Instagram, TikTok o YouTube son gratuitos mientras generan beneficios multimillonarios, es porque comercian con nuestro tiempo. Ya lo dice la máxima digital: «Si no sabes cuál es el producto, el producto eres tú».

Otras veces las causas de esta dispersión vital provienen de nuestros propios hábitos de vida o simplemente de falta de voluntad para poner remedios. Vivimos dominados por un emotivismo que todo lo reduce al no me apetece, o arrastrados por emociones intensas como el miedo o la ira. A esto se le suma una imaginación descontrolada y los prejuicios, elementos que enturbian la percepción de la realidad.

Actualmente la atención es un problema personal y social: cuesta mucho prestar y mantener atención. Que se lo pregunten a padres y educadores, pero también es una pregunta cuya respuesta personal la tenemos al alcance.

Las consecuencias que produce esta vía de agua, que es la distracción en nuestras mentes, son evidentes: el barco de nuestra vida zozobra, se nos escapa de las manos y deja una inquietud e insatisfacción permanente que afecta al ámbito laboral, intelectual y vital en todos los sentidos.

También la convivencia se ve afectada: no sabemos escuchar y dialogar, tampoco tenemos tiempo para relaciones profundas, ni para llevar una vida intelectual y espiritual profunda.

La atención se convierte en un requisito básico para adquirir otras virtudes. Algunos psicólogos advierten que la capacidad de atención es más importante que el coeficiente intelectual y es un requisito básico para otras virtudes. Ya decía Simone Weil que «El deseo de luz produce luz. Hay verdadero deseo cuando hay esfuerzo de atención». Pero la atención requiere esfuerzo, capacidad para poner diques al tsunami informativo y comunicativo de las redes. En algunos ambientes, no solo escolares, se prohíbe el uso del móvil y se fomenta el ayuno digital, precisamente para poder digerir la información y someterla al tamiz de criterios sólidos, objetivos, y comprobar su veracidad. Solo así se consigue transformarla en auténtico conocimiento.

Con todo, la distracción o la falta de atención no es nueva, aunque ahora tenga especial gravedad. Ya lo advertía el científico y filósofo Pascal en el siglo XVII: «Cuando me he puesto a considerar, a veces, las diversas agitaciones de los hombres, los peligros y las penas… he descubierto que toda la desgracia de los hombres viene de una sola cosa: de no saber permanecer en reposo en una habitación» (Pensamientos, 139).

Pascal sostiene que los seres humanos buscan constantemente el ruido, los negocios, el juego, o las preocupaciones, no porque estas actividades les den una auténtica felicidad, sino porque les impiden pensar en su propia condición. En la quietud, el hombre se enfrenta inevitablemente a su propia miseria, a su vulnerabilidad y a su finitud (la muerte). Dicho en términos más coloquiales: «Las redes sociales y otros productos similares demuestran que estamos dispuestos a ver cualquier cosa con tal de no vernos a nosotros mismos».

Tenía razón el gran Groucho Marx: «Encuentro la televisión muy educativa. Cada vez que alguien enciende el aparato, me voy a otra habitación y leo un libro».

Hagase
Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.