Tribuna libre

El motor de mi vida

Antonio Rojas Ramos

Luis de la Fuente. Ilustración de Juan Francisco Miral.

Lo que eres, es un regalo de Dios para ti, aquello en lo que te conviertes es tu regalo para él.

Hans Urs von Balthasar

El riojano Luis de la Fuente Castillo (Haro, 1961) es conocido como seleccionador nacional de fútbol desde diciembre de 2022. Antes de seleccionador, fue futbolista profesional en el Sevilla F. C., en el Deportivo Alavés y en el Athletic Club, equipo con el que ganó dos Ligas, una Copa del Rey y una Supercopa de España.

El 31 de octubre del 2023, Religión en Libertad, publicó un trabajo sobre él, del que extraigo la mayoría de los datos que comento.

Luis se define como alguien «normal, accesible y cercano», muy poco preocupado por lo que piensen de él, cosa que demuestra especialmente al hablar sin tapujos de su fe, cuando afirma que el motor de su vida, junto al fútbol, es la fe en Dios.

Luis de la Fuente se define como «un hombre de mucha fe y creyente» que tiene una devoción especial al Cristo del Cachorro, al que pide con frecuencia: «Salud y también trabajo —para todos— y que salgan bien las cosas. Me da mucha fortaleza a la hora de tomar decisiones saber que las tomo con el apoyo de Dios».

De la Fuente se presenta como alguien seguro de sí mismo, cree que quienes le conocen «tienen una buena impresión de él» y, por eso, argumenta: «Soy una persona que hago lo que digo y cumplo con naturalidad».

Algo que parece valorar como esencial es «ser buena persona», para lo cual la bondad es «imprescindible» y la superación, «innegociable».

Para él, la valoración profesional es importante, pero secundaria: «Creo que es más importante que te digan que eres buena persona, antes que buen entrenador. Se vive mejor haciendo el bien que haciendo el mal, el mal no descansa. A mí dame buenas personas, ante todo, y luego buenos profesionales».

Admite que fue educado en los valores de «la superación, el esfuerzo y el trabajo», valores que, sin embargo, se han ido perdiendo en las nuevas generaciones, «Seguramente porque la exigencia que hemos tenido con nuestros hijos no es la misma que la que nuestros padres tuvieron con nosotros. Tener esos valores no debería pasar de moda nunca. Esos valores son innegociables», afirma rotundo y convencido el seleccionador.

Por eso, se define así: «Lo mío no es superstición es fe, una fe que es el motor de mi vida».

Hagase
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