Tribuna libre

El arte de caminar en familia

Cuadro Mantener la familia unida, acuarela de Steve Hanks

Por José Alfredo Elía Marcos

Frente a la inmensidad del océano, te propongo que hoy nos detengamos a descansar y a llenar nuestra alma con un paseo por la orilla del mar. Te invito a realizar este recorrido a través de una obra del acuarelista estadounidense Steve Hanks (1949-2015) titulada Mantener la familia unida (Holding the family together). Como contraste, te presento una propuesta comercial encontrada en internet: «transformar tu botella favorita en una obra de arte personalizada y única».

La obra de Steve Hanks parte de su propia vida. Su matrimonio con Laura y su experiencia como padre de tres hijos han sido la principal fuente de inspiración para este artista. Gracias a su dominio magistral de la acuarela, logra capturar con delicadeza la luz difusa de los atardeceres y la sutileza de los reflejos sobre el agua y la arena mojada. Steve se esfuerza por presentar imágenes positivas porque se sabe «responsable de transmitir una visión optimista y esperanzadora en la vida de las personas» y porque siente que «lo que sea que publique, volverá a mí». Él conoce que el arte que creamos no solo es proyección de lo que vivimos, sino también el recipiente donde depositamos, con silenciosa confianza, la esperanza de nuestro futuro.

En la acuarela de Hanks contemplamos a una familia que, unida de la mano, camina serenamente por la playa. Mientras tanto, un océano majestuoso mantiene una cadencia persistente de olas rompiendo contra la costa, y una brisa insidiosa agita las prendas de los caminantes. El sol desciende lentamente, anunciando el inminente atardecer. En ese escenario, simbólicamente «hostil», una familia pasea con sosiego, conservando con firmeza sus vínculos personales con ternura y devoción.

El hijo pequeño se ha detenido en la arena. Algo ha captado su atención, y su curiosidad ha obligado a la comitiva a hacer una pausa. Su padre no le suelta la mano; se detiene con él y se abaja hasta el suelo. Quiere contemplar esa pequeña maravilla que ha cautivado a su hijo y le pregunta por ese «pequeño gran misterio» que ha interrumpido su marcha. «¿Qué te preocupa, hijo mío?». El ritmo de la expedición se amolda ahora a los tiempos que precisa el miembro más pequeño del grupo. No hay necesidad de correr, ni prisa por llegar; lo importante es mantenerse unidos y saber con certeza cuál es nuestro destino.

La madre sostiene en brazos a su hija mayor; la niña, cansada de andar, ha sido alzada de la tierra para ofrecerla su hombro: un refugio no solo para el descanso, sino para brindarle una perspectiva nueva, imposible de alcanzar desde la superficie. La madre le susurra palabras de consuelo y le invita a levantar la cabeza para admirar la belleza del futuro liberador que la inmensidad oceánica despliega más allá del horizonte.

La unidad familiar es un elemento clave en este cuadro, y el pintor lo expresa no solo a través de unas manos entrelazadas, sino con una composición en la que las figuras parecen elevarse poco a poco de la tierra. Esta cadena de amor simboliza los vínculos de ternura y fidelidad entre los esposos, así como los ligamentos de protección y crecimiento que comprometen a padres e hijos. Una cordada alpinista necesaria para la ascensión a la cumbre.

La comitiva luce unas vestiduras blancas, evocadoras de las prendas del bautismo. Resulta significativo que el agua —elemento vital del sacramento de la iniciación— sea el medio que ha permitido dar vida a esta acuarela. Revestidos de gran dignidad, los protagonistas parecen decididos a mantener sus ropajes inmaculados mediante la virtud y la caridad; por ello, se sostienen unos a otros para no caer en el barro de la desesperación. El blanco se erige así como símbolo de la victoria sobre la muerte, expresando la santidad y la gloria de la resurrección.

Un detalle a tener en cuenta en este séquito real es que camina descalzo. Sus pies se hunden en la húmeda arena, indicando la fragilidad de su origen y la humildad penitente de su peregrinar. Además, sus reflejos se proyectan hacia abajo, como las raíces de un árbol que precisan del agua para elevar sus tupidas frondas al cielo. La composición fluye de izquierda a derecha, desde el niño agazapado hasta la niña elevada en brazos de su madre. Mientras el pequeño está absorto mirando el ocre del suelo que pisa, la niña es invitada a «alzar la mirada» a lo eterno.

Toda familia traza un firme hilo de color blanco sobre el cual se tejen todas las relaciones humanas. Es la textura primera que sostiene al niño para convertirlo en hombre; es el tapiz amoroso que impulsa a la niña a progresar y crecer como mujer. El grupo constituye una hermosa procesión doméstica cuyo núcleo primordial se encuentra en el abrazo esponsal entre el varón y la mujer. Por ello el artista sitúa esta unión en el centro de su obra, pues sabe que representa la clave arquitectónica que sostiene todo el edificio humano y social. Y por eso ambos están de puntillas sobre el litoral, como paso previo para elevarse al cielo.

Buceando en la red, topé con una página web que ofrece convertir tu botella favorita en una «obra de arte personalizada» mediante el simple procedimiento de hacerla añicos. El sitio reza: «¿Tienes una botella que cuenta una historia para ti? Ya sea de un cumpleaños, un aniversario o una noche especial, convirtamos ese recuerdo en un recuerdo de lujo. “Arte de botellas rotas”, transforma tu pieza en algo único… Fragmentos de resina y vidrio, que reinterpretan la belleza de la forma rota… “Arte de botellas rotas”, es mucho más que reciclar; es el refinamiento de un objeto emocional en una lujosa obra de arte»…

Obra de arte hecha con fragmentos de una botella rota
Arte de botellas rotas, propuesta comercial de Decoart usada como contrapunto en el artículo.

Me parece ver aquí un contrapunto interesante para la obra que hoy contemplamos. El verdadero arte no debe romper, ni dividir, ni despedazar; el arte bello es el que une, el que enlaza, el que crea vínculos. El cuadro, al igual que la botella, actúan como un recipiente que contiene y preserva lo más excelso de la vida: el vino sagrado que celebra el gran misterio humano. Romperlo supone destruir esa capacidad de albergar la intimidad del alma. Más aún, de esa fractura surgen miles de fragmentos con bordes afilados que hieren los pies descalzos del que peregrina por la playa.

Volvamos urgentemente a restablecer los lazos familiares en un hermoso mosaico de teselas vivas; volvamos a pasear tranquilos por la playa, reunidos de la mano. Al hacerlo, descubriremos que, en el fondo del cuadro, se encuentra el hogar paterno como origen de nuestra aventura. Asimismo, observaremos a la derecha la maravilla del mar al atardecer, sobre el cual podremos elevar la mirada juntos para descubrir, con gozo y plenitud, que nos acercamos al destino de nuestros anhelos. Salimos del Padre y volvemos a él.

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