Javier Segura es un laico comprometido en la educación de los jóvenes con muchos años dedicado a ellos. Su dilatada experiencia (prácticamente toda su vida), su creatividad, siempre en estado puro y su capacidad de adaptación al mundo juvenil le hacen un experto en esta materia. Dialogamos con él.
Vivimos en una cultura en la que los acontecimientos se suceden a una velocidad de vértigo, llena de ruidos, donde el silencio es casi imposible. Nuestros jóvenes se ven expuestos a estímulos de luz, movimiento y sonido que les van socavando su capacidad de atención sosegada y reflexiva, pues necesitan constantemente el movimiento y el cambio de escena. Por esta razón los medios audiovisuales y la música en particular pueden convertirse en herramientas de evangelización. Este fue el reto que asumió Javier Segura con sus musicales en la formación y evangelización de nuestros jóvenes.
P. ¿Cómo surgieron los musicales?
R. El promotor fue Javier Fernández Lorca. Yo nunca había hecho un musical. Javier propuso la idea de una acción que revitalizase el grupo de jóvenes de Milicia de Santa María. Así surgió Hijos de la Libertad, del que se editó un disco con la editorial San Pablo. Después se representó Contigo, con la intención de hacer participar en él a familias y jóvenes del Movimiento de Santa María. Los musicales posteriores surgieron como nuestra aportación a la experiencia ecuménica que celebramos cada tres años en Gales. Es decir, la historia que representamos tiene que ser acogida y servir de nexo, de comunión entre las distintas confesiones cristianas.
P. ¿Qué función cumplen los musicales?
R. Nosotros los planteamos siempre como un proyecto evangelizador ad intra, es decir, es un proyecto educativo de crecimiento y madurez de la persona: dimensión humana, social y espiritual. El éxito no es lo importante para nosotros; es más, creo que dejaríamos de ser nosotros.
Los musicales abarcan dos aspectos muy importantes que son el formativo y el apostólico, pero integrados en toda la riqueza de la actividad del grupo: Ejercicios Espirituales, convivencias, campamentos, retiros, etc.
Son una herramienta más, entre otras, pero toda la dinámica de los campamentos, la escuela y formación de guías, etc., es más importante que un musical. Aquellas son menos visibles, pero son fundamentales.
P. ¿Crees que el musical, al combinar voz, música, danza y teatro, tiene más fuerza evangelizadora hoy en día que otros géneros artísticos y musicales?
R. Creo que cada expresión o género artístico tiene su singularidad, sus posibilidades y su capacidad de comunicación propias. Por ejemplo, una película puede tener más impacto que un musical. Ahora bien, cualquier tipo de expresión artística realizada en directo tiene mucha fuerza a la hora de conectar y comunicar con el espectador. En este sentido, el musical tiene mucha potencia porque es en directo y fusiona música, voz, danza y teatro.
P. La temática de los musicales ¿es siempre en clave de misión?
R. Siempre en clave educativa, en clave de misión, en clave de encuentro. Todos nuestros musicales tienen una misión, por ejemplo, el musical Contigo que representamos el Año de la Misericordia generó comunión entre las cien personas que participaron, y este hecho resultó ser de una de fuerza evangelizadora impresionante. Nosotros no pretendemos hacer un musical comercial (no digo que esto no esté bien, pero no es nuestro objetivo). Nuestra misión es siempre hacer visibles los problemas o situaciones que vive la sociedad o los colectivos humanos concretos.
P. ¿Nos podrías ofrecer algún ejemplo?
R. Te comento dos de nuestros musicales. De dioses y hombres pone de manifiesto la problemática de los cristianos perseguidos, y en Skate Hero (que ha sido una experiencia muy bonita) hemos puesto voz, a las víctimas del terrorismo, implicándonos y aportando dos mensajes: primero, las víctimas del terrorismo como un referente moral en la sociedad; segundo, una respuesta concreta desde el humanismo cristiano, que es la respuesta del perdón ante el odio, la única forma de romper el círculo que lleva a más odio, a más rencor y a más crispación. Además, hemos puesto en valor, en el caso de Ignacio Echeverría, un acto heroico, una llamada al heroísmo social en la vida y, especialmente, de los jóvenes.
P. ¿Debemos implicarnos los cristianos con la sociedad, estar en el mundo?
R. Yo creo que los laicos/seglares cristianos tenemos una «palabra» para nuestra sociedad y, en esa línea, en el último musical Una luz en la oscuridad salimos al paso del problema de la fragilidad y la salud mental en la población y particularmente en los jóvenes, intentando dar respuesta a la oleada de suicidios en la actualidad en clave de esperanza, desde el reconocimiento de las heridas y los traumas.
Los cristianos tenemos que iluminar el momento que nos ha tocado vivir y desde ahí implicarnos y si, además de iluminar, nos remangamos y hacemos, pues mejor todavía. Estoy pensando en la salud mental. Y hay que dar mensajes de esperanza, pero hay mucho trabajo de «pico y pala» con los jóvenes que están en problemas y que necesitan de escucha y acompañamiento. Cada momento de la historia tiene sus características. Y ahí tenemos que dar luz.
P. ¿Una reflexión final?
R. Es fácil dejarse deslumbrar por la repercusión social de un espectáculo: un concierto, un musical etc., pero nuestro carisma es más el de la vida de Nazaret. El de una espiritualidad más de lo oculto, de las manos vacías. Ahí es donde damos fruto. Por esto, nosotros entendemos el musical como un fuego de campamento bien preparado donde ellos aprenden, conviven, se entregan a los demás. Debemos apostar por la educación y la formación humana y espiritual de nuestros jóvenes, y para ello los padres, las familias, han de estar implicados al completo. A la larga, la diferencia está en que un joven se haya tomado en serio y conscientemente su vida en grupo, o que la haya vivido como una etapa en la que ha consumido formación y relaciones. Apostemos de verdad por la evangelización de nuestros jóvenes, de nuestros hijos.

