Por Jesús jaraíz Maldonado
Japón, 2025
103 minutos
Dirección: Hikari
Hace poco, dos amigos recién casados hicieron su viaje de novios a Japón. Tenían gran interés por conocer ese país. Durante el viaje, fueron enviando imágenes de lo que les iba sorprendiendo de aquella cultura. Y, cuando intentaban describir lo que descubrían, lo resumían en una palabra: perplejidad.
Desde esta página, en Plan 75 (Estar 345, abril 2024) ya nos aproximamos a la sociedad japonesa. A través de la anciana Michi conocimos el grave problema del envejecimiento de la población nipona: «Tengo familia, pero estoy completamente sola».
Ahora, Rental Family nos muestra las luces y sombras de una sociedad y una cultura tan diferentes, pero con problemas tan cercanos. En esta ocasión, Phillip, actor estadounidense en horas bajas, encuentra trabajo en Tokio. Es inmigrante, pero desea integrarse: «Japón es ahora mi hogar y quiero intentar entenderlo». Sin embargo, ni su nuevo jefe, japonés, le oculta la dificultad: «Aunque vivieras aquí un siglo, tendrías más preguntas que respuestas».
No es para menos. Su nueva empresa, Rental Family, garantiza la felicidad a los clientes vendiéndoles emociones. Como actor, Phillip interpretará todo tipo de papeles para gente dispuesta a creer: como esposo, padre, periodista…, la relación que entable debe siempre parecer auténtica. El cliente debe sentir la experiencia «como si por fin mereciera existir».
La tarea parece sencilla. Phillip solo debe actuar para dar al cliente lo que necesita; únicamente le ayuda a conectar con lo que le falta, sin implicarse afectivamente. Cuando termine la relación profesional se cortará todo posible vínculo personal.
Sin embargo, ¿qué importan más, las emociones o la verdad? ¿Se trata solo de actuar, interpretar un papel, para ayudar al cliente, o se le está mintiendo por el bien del negocio? ¿Dónde queda la verdad? «A veces las historias que nos contamos se convierten en la verdad».
En Rental Family la relación debe parecer auténtica, pero no ser verdadera. No obstante, por muy endurecido que esté el corazón, resulta imposible no terminar empatizando con el cliente (¿o más bien la víctima?). No solamente Phillip, también su compañera de trabajo lo sufre en soledad: «Es por cómo te mira la gente, como si te hubiese estado esperando toda la vida… A veces solo necesitamos que alguien nos mire a los ojos y nos recuerde que existimos».
Emociones, esperanza, felicidad, verdad… y creencias. Difícilmente escucharemos en nuestro cine occidental una pregunta tan directa por parte de un anciano actor al protagonista: «¿Tú rezas?». Phillip irá redescubriendo el valor de una vida auténtica a través de una niña, Mía, y del anciano Hasegawa.
Y volvemos al principio. Al igual que ocurría con Michi en Plan 75, sentimos la profunda soledad de Phillip, también la de Dada, su jefe, y la de su compañera de trabajo. En palabras de la venerable Dorothy Day, experimentamos en estos personajes lo que ella califica como la larga soledad: «Todos hemos conocido la larga soledad y hemos aprendido que la única solución es el amor, y que el amor llega con la comunidad (Dorothy Day. La larga soledad. Sal Terrae, 2000).

