Tribuna libre

Los domingos

Cartel de la película Los domingos, un drama espiritual sobre la vocación y la búsqueda de Dios

Por Jesús jaraíz Maldonado

¿Cómo es tu amor por Jesús?

España, 2025
110 minutos
Dirección: Alauda
Ruiz de Azúa

Un lunes fuimos en familia a ver Los domingos (Estar 355, En cartelera). Lo interesante no fue el día de la semana, sino comprobar que la sala de proyección estaba prácticamente al completo. Llegan nuevos tiempos y lo católico, dicen, se está poniendo de moda. Algunos datos lo confirman: los bautismos de adolescentes en Francia se han multiplicado por cinco en solo tres años; el arzobispo de Sídney habla de una «segunda primavera» católica en Australia; e incluso en África crece el número de conversos procedentes del islam.

Y, ya entre nosotros, recientemente han sorprendido las confesiones de Rosalía, cantante mundialmente reconocida. Se sinceraba en The New York Times: «Siempre he tenido el deseo de cómo puedo acercarme a Dios. ¿Cómo puedo estar más cerca de Dios?». Y continuaba: «Yo tengo un deseo que yo sé que este mundo no puede satisfacer […]. He pasado toda la vida con esta sensación de vacío, de sentir que este mundo no podrá llenar ese vacío».

Las inquietudes de Rosalía nos introducen en lo que pasa por el corazón de Ainara, la protagonista. Un dato relevante: Alauda Ruiz —directora de esta película tan atrevidamente espiritual— se considera no creyente. Pero Los domingos confirma que el Espíritu sopla donde y cuando quiere.

Con diecisiete años y a punto de comenzar sus estudios superiores, Ainara siente una llamada interior a la vida religiosa, pero tiene dudas y miedo. Estudia en un colegio religioso, pero ningún familiar es practicante ni acepta la idea de que la joven se recluya en un convento. Tampoco ayudan su grupo de amigos ni la atracción que siente por Míkel.

En el ámbito familiar destaca Maite, tía de Ainara. Aparenta ser una mujer liberada de todo prejuicio. De fuerte personalidad, se siente con derecho a utilizar cualquier argucia para controlar a quienes están a su alrededor, incluida su sobrina. Ha decidido que la joven debe ir a la universidad, vivir experiencias y realizarse… ¿Realizarse? ¿Como ella, como Maite? A todas luces infeliz, sufre porque no ha experimentado el amor. ¿Es amor o envidia lo que siente por su sobrina? «No puedes estar feliz todo el rato».

Por otra parte, el padre —aun sufriendo por la separación— tiene las ideas más claras respecto a la posible elección de su hija: «¿Y si a ella le hace feliz, aunque a ti no te guste?».

De la madre solo sabemos que, antes de morir, siendo Ainara niña, le regaló una medalla de la Virgen. Nos atrevemos a suponer que la medalla iría acompañada de abundantes oraciones por la hija que dejaba huérfana. Ainara pierde una madre, pero encontrará al Padre.

Sorprende la exquisita delicadeza en el trato de los distintos personajes. Así, la priora respeta los tiempos de Ainara: «Si el Señor te elige, lo sabrás». También su director espiritual la interpela con una pregunta esencial: «¿Cómo es tu amor por Jesús?». Finalmente, una anciana monja responde con fe cierta a una cuestión muy de nuestro tiempo: «Espiritualidades hay muchas, pero Dios solo hay uno. Eso es así».

¿Cómo es tu amor por Jesús? Responde santa Teresita de Lisieux:

«Comprendí que la Iglesia tiene un corazón, y que este corazón arde de amor. Entendí que el Amor abraza todas las vocaciones, que el amor lo es todo… Mi vocación es el amor».

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