Tribuna libre

Madre no hay más que una… o muchas

Javier Segura

El domingo 23 de noviembre nos juntamos un buen grupo de cruzados de santa María con nuestras madres. En total estuvimos 24 personas. No pudieron asistir todas nuestras madres, pero las que lo hicieron fue no solo a título personal sino también en representación de todas las madres cuyos hijos dieron este paso de consagrarse a Dios en esta institución fundada por el venerable padre Tomás Morales S.I.

El lugar elegido fue el hotel Ciudad de Burgos, cercano a la capital castellana. Un sitio que resultaba céntrico para todos los que participábamos en la convocatoria pues venían madres e hijos desde Madrid, Valladolid, Navarra o del mismo Burgos. Nos pillaba a todos más o menos a mano. Y, dicho sea de paso, es un restaurante en el que se come fenomenalmente, como pudimos comprobar.

Fue un encuentro sencillo. Eucaristía, comida, tertulia, canciones, regalos… Lo típico que uno podría esperar de algo tan entrañable como es que se vean madres e hijos que siempre querrían estar más cerca y pasar más tiempo juntos. Pero lo más importante, en esta sencillez, fue el simple gesto de vida de familia que supuso y que tanto extrañamos en nuestro mundo.

Comenzamos con la eucaristía en el templo parroquial de Rubena. Una preciosa iglesia gótica y renacentista que acogió al grupo y que, con este motivo, multiplicó por seis el número de asistentes dominicales a la eucaristía. Pusimos al Señor en el centro del día y de nuestras familias. Era la mejor forma de comenzar nuestra reunión.

Fue un día de familia entre madres e hijos (algún padre se coló también) que nos dio a entender la importancia de la familia natural. El momento de tertulia contando anécdotas de los hijos cuando eran pequeños fue realmente emotivo (y aleccionador). Pero también fue un día de familia espiritual, pues era la Cruzada la que abría sus brazos y nos unía a todos los que somos hijos de la Virgen y, precisamente por eso, pasamos a formar una nueva familia, mucho más amplia y rica.

A mí me enternece, particularmente, ver a mi madre llamar a algún cruzado de casi los mismos años que ella «mi chico», como se lo diría a uno de sus hijos o de sus nietos. El momento del concierto de Pablo Sanz, compartiendo sus canciones, tuvo mucho de esa fusión de familias y de ambiente festivo espiritual. Pudo seleccionar aquellas canciones suyas que hacían referencia al amor de una madre, haciendo un guiño así a todas las que allí se encontraban.

Al final, el hotel Ciudad de Burgos, se convirtió en un verdadero hogar para todos en el que pudimos sentirnos como en casa. El calor para que así fuera se lo dieron todas las madres que se hicieron presentes. El frío de Burgos fue derrotado por unas horas en ese epicentro de calor y cariño.

Javier Segura es hijo de Mary Zariquiegui.

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