Tribuna libre

José María Ausín, nuevo sacerdote cruzado para cambiar la historia

José Antonio Benito Rodríguez

José María Ausín sonriendo a la puerta de la Catedral de la Almudena de Madrid tras su ordenación sacerdotal el 18 de abril de 2026

La Catedral de Almudena estalló de vida y gozo el pasado sábado 18 de abril con los nuevos 17 sacerdotes, uno de ellos José María Ausín Martínez, burgalés de 31 años.

Como manifestó al boletín de la archidiócesis y en alguno de los coloquios con los militantes, reconoce que ha vivido estos días con emociones encontradas: «Muy impresionado, feliz, con muchas ganas» y, al mismo tiempo, «un poco asustadillo y muy nervioso», para responder a una llamada, que él ubica en un campamento de Gredos.

Comenzó en el grupo de juveniles de la Milicia de Santa María en Burgos y fue creciendo —nunca mejor dicho— en gracia y santidad por los diversos grupos hasta ingresar como cruzado, al tiempo que cursó los estudios de Historia y trabajó como profesor en un instituto. Su formación sacerdotal la comenzó a los 24 años, en el seminario conciliar de Madrid y entiende su ministerio como «un don maravilloso e inmerecido para servir a la Iglesia y al pueblo de Dios a través de los sacramentos, rezando y acompañando a la gente».

La ordenación corrió a cargo del cardenal D. José Cobo quien celebró la presencia multitudinaria de familiares, amigos, sacerdotes, seminaristas, consagrados y miembros de parroquias y movimientos, que se acercaron a una catedral que se quedó pequeña para acoger a tanta gente.

El cardenal comenzó su homilía con un significativo mensaje: «Hoy la Iglesia no solo ordena a unos hijos suyos. Hoy el Señor vuelve a pronunciar un “sígueme” que cambia la historia. Como sucedió en la primera Pascua». A continuación, glosó el evangelio de los discípulos camino de Emaús, «como símbolo de esos espacios interiores donde nos retiramos cuando la vida no responde a lo que esperamos, cuando perdemos el horizonte o cuando el cansancio o la depresión nos vence».

Desde ahí hizo ver a quienes poco después les impondría las manos, que en su ministerio «habrá gozo, habrá alegría, pero no faltarán la fragilidad, el cansancio y los días sin luz». En esas situaciones, «cuando todo parece alejarse, Jesús nos busca», subrayó el arzobispo. Los nuevos presbíteros son parte de un pueblo de bautizados, que, han sido «elegidos de entre vuestros hermanos (cf. Heb 5,1) para ser enviados a ser, con vuestras vidas, sus servidores». Y lo hacen, recibiendo «la ofrenda del pueblo santo para presentarla a Dios» y «conformando vuestras vidas con la cruz del Señor», como dice el Ritual de Órdenes.

Una ordenación que abre a la comunión a quienes han sido ordenados: comunión con su presbiterio, comunión con el pueblo de Dios y comunión con los más pobres, donde «está Cristo antes que vosotros para que vuestro ministerio sea el de Cristo: cercano, misericordioso y lleno de vida».

Al hilo del relato de Emaús, monseñor Cobo mostró el sacerdote que hoy necesitamos: sacerdotes que caminen con otros, por quienes se dejan ayudar; sacerdotes que pregunten y se dejen preguntar; sacerdotes profundamente eucarísticos, que construyan comunidades eucarísticas, vidas entregadas; sacerdotes que aprendan a reconocer al Señor con ojos nuevos.

A los ordenandos les dijo: «Mirad la vida de los sacerdotes que tenéis cerca», para aprender «de su entrega, de su fidelidad, de su cercanía al pueblo de Dios». Igualmente les recordó las palabras del papa León XIV en las que llama a los sacerdotes al cuidado recíproco y a entender la vocación como un don de Dios y una responsabilidad compartida por toda la Iglesia.

Su padrino fue el padre Rafael Delgado, cruzado de Santa María, y estuvo arropado por los fieles de su parroquia San Patricio, su familia natural y la espiritual formada por cruzados y miembros del Movimiento que se hicieron presentes de forma multitudinaria. Su primera misa de acción de gracias en Burgos tuvo lugar el domingo 20 y en Madrid el 27. En ellas recordó el lema elegido como sacerdote, «Yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo» (Mt 28,21), manifestando el deseo de Dios de hacerse presente entre nosotros. ¡Don José María, como insistió el Sr. Cardenal, cuidaremos de ti con nuestra oración y dedicación, gracias por la elección y contamos con tu oración!

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