Por Aquilino Vicente y Loli Rojas
Nos remontamos al año 1976, en Fuente del Maestre; después de más de cuatro años de enamoramiento, declaración y conocimiento mutuo…, de noviazgo. Proyectamos nuestra boda para el 16 de julio, Virgen del Carmen; nuestro enlace matrimonial fue en nuestra grandiosa «catedral», la parroquia de La Fuente. Boda muy sencilla, a la que asistieron solo los familiares más cercanos. Un banquete también sencillo. El viaje de novio lo haríamos por Andalucía, en un SEAT 850, viaje lleno de aventuras y anécdotas.
Yo trabajaba en La Fuente de maestro, y Loli con sus hermanos en el negocio familiar. Pensamos tener familia numerosa, así que a los nueve meses de nuestro matrimonio llegó nuestra hija Mariola; 13 meses más tarde llegaría José Miguel, mayo del 78. En el 81 se incorporaría Inmaculada; en el 85 Pablo Antonio y en enero de 1999, ya con 45 años Loli —y para despedir el siglo— llegaría Martín. Son, sin lugar a dudas, nuestro mayor tesoro. Nos han dado mucho trabajo, muchas alegrías y algún que otro problema. Sin ninguna ayuda estatal les hemos dado sus carreras, orientado en sus trabajos y procurado darles una educación exigente, amplia, completa; rica en actividades, que ellos iban demandando y nosotros creíamos oportunas. Caprichos los justos.
La pasión de Loli: la familia, hacer familia, ser el nexo de unión de nuestras familias; con cualquier pretexto monta eventos familiares para reunirnos a todos.
En todos estos años, no hemos estado solos, hemos contado con la ayuda, consejos, orientaciones de personas e instituciones; que han ido conformando nuestra «carta de navegar».
Para empezar la Milicia de Santa María; nuestra fuente principal, que forjó nuestros cimientos con ejercicios espirituales, retiros, campamentos, jornadas, convivencias, dirección espiritual…
A Loli le ayudó mucho su educación en las monjas del Sagrado Corazón de Jesús y la parroquia…, después también la Milicia. Ya en nuestro noviazgo empezamos a tener retiros/convivencias, junto a otras parejas con el padre Bernardo Santos en el santuario de la Montaña de Cáceres.
Nuestras charlas con Antonio, su hermano, las cartas de Abelardo y el padre Morales, además de sus charlas personales, fueron muy importantes para nosotros. También seguir organizando en La Fuente las actividades vividas en la Milicia: Vigilias de la Inmaculada para hombres, de la de las mujeres se encargaba Loli. El rosario de la Aurora. Rosarios y las «Flores» en el parque de la Concepción, ante su monumento. Círculos de estudio o reuniones con militantes. Marchas a la Sierra Cabrera a instalar capillitas. Viacrucis del martes santo, al estilo de los vividos en las Jornadas de la Cruzada. Catequesis parroquiales. Cursos Prematrimoniales. Monitores de Métodos Naturales con parejas. Charlas cuaresmales en La Fuente y en otros pueblos. En muchas de ellas apoyándome con la proyección de diapositivas de la Sábana Santa. He sido nombrado ministro extraordinario de la eucaristía y —junto a Loli— llevamos la comunión a enfermos y personas mayores.
También contamos, en aquellos años de matrimonio, con el apoyo y orientación de un gran párroco D. José María Álvarez y el «apóstol de la Legión de María»: don Manuel Leal, el «padre Manué» y en la actualidad con don Javier Moreno. Vivimos en una parroquia viva, participativa, en una auténtica comunidad de comunidades, en la que hay muchos grupos y todos muy activos: de niños, jóvenes, matrimonios, personas mayores, cofradías…
A lo largo de estos años hemos ido recargando «nuestras pilas» en retiros, convivencias, ejercicios…
Hemos seguido en contacto permanente con la Cruzada y distintos grupos del Movimiento de Santa María, con quienes hemos vivido Pascuas. También con la Cruzada Femenina a través de nuestras hijas Mariola e Inma, ejercicios, campamentos, residencia de estudiantes… Nuestros hijos José Miguel y Pablo también lo hicieron en su momento.
Por los años 80, nos presentaron el Movimiento de los Equipos de Nuestra Señora, fundado por el padre Caffarel, que está formado por equipos de matrimonios de cinco a siete parejas que, acompañados por un sacerdote consiliario, aspiran a vivir la espiritualidad conyugal; compartiendo fe y oración se procuran vivir los acontecimientos cotidianos a la luz de la fe y la ayuda mutua entre sus miembros para así superar dificultades y adquirir formación.
Utilizan como medios: la oración personal y conyugal, ejercicios espirituales, retiros…
Cumplen con algunas obligaciones, voluntarias, entre la que destacaríamos la que llamamos «sentada». Diálogo amoroso, veraz y constructivo del matrimonio, en la presencia de Cristo.
Los llevamos a La Fuente; en la actualidad hay dos grupos, en uno de ellos están nuestras hijas y sus maridos: Inma y Ángel, Mariola y Alfonso.
Nuestros hijos José Miguel, Pablo Antonio y Martín participan de la pastoral parroquial con campamentos, convivencias, grupos de jóvenes, caminos de Santiago, etc.
Como han podido comprobar, nuestros hijos siguen comprometidos con la Iglesia; nosotros habremos aportado algo, pero la verdad es que consideramos que es una gracia del Señor; pues existen muchos padres comprometidos y cuyos hijos no quieren saber nada de la Iglesia.
Paralelamente a esta actividad de carácter espiritual y pastoral he llevado mi actividad profesional como maestro y un sinfín de actividades lúdicas, participativas y comprometidas en el mundo de la enseñanza y la parroquia.
Toda esta actividad no habría sido posible sin el apoyo y el tesón de Loli, que siempre ha estado ahí, la mayoría de las veces en la sombra y pasando los «peores tragos», y cuando he querido «tirar la toalla», ella estaba ahí, y siempre: adelante, adelante, sigue…
Como ven… cincuenta años dan para mucho, para poder realizar muchas, muchas actividades… Eso sí remando los dos en la misma dirección, con un mismo objetivo, con entusiasmo, con alegría…, sorteando las dificultades…
Y para que la fidelidad, en este largo recorrido, sea duradera. ¿Qué medios emplear?
Comunicación-diálogo: Hablar abierta y honestamente sobre sentimientos, deseos, necesidades, proyectos de vida, problemas…; lo que ya os hemos dicho: SENTADA: tú, ella y Cristo en medio bajo la mirada atenta de la Virgen.
Respeto y amor: Tratarnos con respeto, amor, mucho amor y comprensión en un plano de igualdad y empatía.
Compartir tiempo y espacios: Pasar tiempo juntos, compartiendo actividades y fortaleciendo la relación siempre.
Perdón y reconciliación: Aprender a perdonar, que difícil, ¿no?…, y a reconciliarse siempre después de los conflictos, y lo más rápidamente posible.
Intimidad y afectos: Cuidar y mantener nuestra intimidad con celo y delicadeza. El afecto físico y emocional, ser cariñosos, aunque a veces no nos salga de adentro, también se cultiva.
Apoyo mutuo: En los desafíos, en los proyectos que nos propongáis y sobre todo en las dificultades y momentos difíciles.
Fe y espiritualidad: Es muy importante el compartir la fe y la espiritualidad, buscando apoyo en la oración y los sacramentos.
Pedir ayuda: Ser humildes y saber pedir ayuda en momentos de dificultad.

