Primera plana

El GSM y su aportación a la evangelización del mundo actual

GSM, Sanlúcar de Barrameda (Cádiz)

Por Paz Núñez Martí,
miembro del Grupo Santa María

El Grupo Santa María (GSM) «nació» hace casi 30 años, tras un encuentro de jóvenes con el papa Juan Pablo II en Santiago de Compostela, con la intuición de compartir la vida bajo el carisma del padre Morales y los Cruzados de Santa María. Esta intuición, que al principio fue un presentimiento de novedad, lo reconocemos hoy como una vocación dentro de la Iglesia.

Sin pretensiones, pero con la certeza del envío, en el GSM asumimos como propia la premisa del padre Morales: «La misión en lo cotidiano», un desafío apasionante y valioso. A menudo, pensamos en los misioneros como aquellos que están en tierras lejanas, pero lo cierto es que todos los bautizados somos misioneros desde el momento en que pertenecemos a la Iglesia. Gracias a que el padre Tomás Morales y Abelardo de Armas comprendieron profundamente esta verdad y vivieron su vida como un testimonio constante en medio de la rutina diaria, nosotros, como familias del Movimiento Santa María, encontramos en ellos una fuente de inspiración y confianza. Sabemos que es posible y realizable.

El horizonte de nuestra misión está claro y nítido, pero construirlo día a día es nuestro verdadero reto. Vivir esta misión es nuestro desafío.

Una misión que, desde el discernimiento personal y comunitario, nos reorienta hacia la evangelización del mundo actual. Pero, ¿cómo lo hacemos? Somos personas trabajadoras, «corrientes», familias que sacan adelante a sus hijos con mayor o menor acierto. En definitiva, somos familias que buscan el rostro del Señor en su historia, confiadas en la historia de salvación que Dios teje con cada una de ellas, sin grandes alaracas.

Con la mirada puesta en la sencilla vida de Nazaret, junto a María, José y el Niño, queremos responder a esta llamada bajo la luz del Espíritu Santo. A través del papa Francisco y su exhortación apostólica Evangelii gaudium[i] (La alegría del Evangelio), se nos ofrece una visión motivadora y desafiante sobre el espíritu misionero y evangelizador de la Iglesia (es decir, de todos nosotros) en el mundo actual. Queremos compartir algunos puntos de esta exhortación que sentimos como una llamada explícita a evangelizar en lo cotidiano, con un matiz identitario: vivirlo con y desde la alegría.

Alegría que se renueva y se comunica: El papa invita a los cristianos a vivir la alegría de la salvación y a renovar su encuentro con Jesucristo. Además, esta alegría debe ser compartida con los demás.

Nueva evangelización para la transmisión de la fe: El papa aborda la importancia de transmitir la fe en el contexto actual. La evangelización debe ser creativa, valiente, llena de fervor, y respaldada por obras que verifiquen esa fe.

Transformación misionera de la Iglesia: Se propone una Iglesia en constante salida, involucrándose con todas las personas, acompañándolas, posibilitando su crecimiento y celebrando la vida. Es una llamada a la renovación eclesial y a vivir desde el corazón del Evangelio.

Desafíos del mundo actual: El papa menciona con valentía los desafíos a los que nos enfrentamos, como la economía de la exclusión, la idolatría del dinero, y la inequidad que genera violencia. También aborda cuestiones culturales y la inculturación de la fe.

Anuncio del Evangelio: Invita a todo el Pueblo de Dios a anunciar el Evangelio. Esta es una llamada universal. Entre las distintas formas, el Papa destaca la piedad popular, las homilías y la preparación de la predicación.

Dimensión social de la evangelización: Finalmente, reflexiona sobre las repercusiones comunitarias y sociales del kerygma[ii]. La inclusión social de los pobres y el compromiso social son aspectos fundamentales para vivir la evangelización.

En resumen, Evangelii gaudium nos invita a la Iglesia (a nosotros) a proclamar el Evangelio con alegría, coraje y creatividad, abordando los desafíos del mundo actual y comprometiéndonos con la transformación misionera y la inclusión social.

Desde el GSM podríamos enumerar cómo intentamos vivir lo que se nos propone en la exhortación, pero me parece más útil ofrecer dos reflexiones a colación de lo descrito:

Cada miembro del GSM tiene un carisma propio, es decir, construye el Reino desde distintos vértices de un mismo poliedro. Algunas familias se centran en la oración, otras en la acción social; unas responden a la llamada de la adopción, otras al acompañamiento espiritual; algunas desde la docencia, otras desde el ámbito sanitario; unas más conservadoras, otras más progresistas. Esta multiplicidad refleja la diversidad del pueblo de Dios. Sin embargo, esta situación, que a primera vista puede parecer una oportunidad de enriquecimiento, no deja de ser un reto diario para lograr la tan deseada unidad (que no uniformidad). En un mundo polarizado y maniqueo, conjugar distintos verbos bajo la confianza y la certeza de que el Señor nos quiere así no es sencillo. Es necesario sentirse amado incondicionalmente por él y tener una vocación para acompañar y servir desde esta comunidad que se forja y escribe su historia cada día, cada momento.

Con esta diversidad, el Señor nos une y fortalece. Sin duda, quiere a nuestras familias juntas bajo el umbral de los Cruzados de Santa María, del Movimiento de Santa María. De no ser así, ¿cómo podríamos haber permanecido durante casi treinta años con todo lo que esto implica? Los medios humanos no son suficientes ni las buenas intenciones cimentan una historia así. Si permanecemos es gracias a la llamada individual que el Señor nos hace a cada uno de nosotros para construir su reino y vivirlo en comunidad. Para ser luz y sal en el mundo[iii].

Seguimos empeñados en este camino de evangelización desde lo cotidiano, en lo escondido, en lo sencillo. Desde la alegría, la entrega y el servicio. Que nuestra vida hable del Señor porque le dejamos hacer, le escuchamos y le vivimos. Y solo desde ahí, salir a las periferias cercanas y lejanas, según la fidelidad creativa que tengamos y la forma que el Señor nos ofrece de evangelizar de manera personal a cada uno de nosotros.

En definitiva, un discernimiento continuo para dejarnos guiar por el Señor, abriendo los ojos y el corazón. Respondiendo y acompañando desde el amor y la alegría, a nivel personal y comunitario. Pues eso, «hágase en mí según tu palabra»[iv]. Que así sea.


[i] Primera exhortación apostólica escrita por el papa Francisco y fue publicada el 24 de noviembre de 2013 tras el cierre del Año de la Fe.

[ii] (Palabra de origen griego) la predicación de un acontecimiento que se ofrece ahora y aquí, y que se hace actual por la fe y la conversión (Rm 6,4).

[iii] Mt 5,13-16.

[iv] Lc 1,38.

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