Tribuna libre

Corpus en familia con el papa

Ilustración de la procesión del Corpus en Cibeles con el papa León XIV

Por José Luis Rodríguez

Domingo, 5 de la mañana. Suena el despertador y hay que ponerse en marcha. Mientras la oscuridad aún domina la calle, la casa se llena de luces y actividad. Durmiendo 10 en un piso y a esas horas, milagro que no choquemos entre nosotros. Unos se duchan, otros desayunan, otros preparan botellas, sillitas, algo de picar, gorras… Cafetera para los mayores, cola-cao para los pequeños, bostezos de los padres, ilusión en las niñas: ¡vamos a misa con el papa!

A las 6 las dos familias nos despedimos para buscar nuestra ubicación. Ellos, a Gran Vía en metro, y nosotros, a Atocha en cercanías. En Pitis, a pesar de la hora, nos encontramos el andén lleno de peregrinos esperando. Un guardia avisa de un tren especial que sale de otra vía, y ahí partimos hacia el centro entre risas y canciones. Desde la estación subimos la cuesta Moyano, doblamos Alfonso XII, llegamos a Antonio Maura y al embudo de entrada. QR, QR gritan amablemente los voluntarios mientras los policías observan silentes. Mostramos los nuestros y alcanzamos por fin el paseo del Prado.

Encontramos unas escaleras y nos sentamos, al lado de una familia de peruanos con una hija con síndrome de Down, llenos de alegría por ver a su «paisano», recordándonos qué es lo importante. Poco a poco, las familias del movimiento van llegando, y empiezan los abrazos, besos y reencuentros. La espera fluye rápida hasta que se encienden las pantallas y aparece el santo padre en ellas. Colón, Cibeles, paseo del Prado, está a 50 metros, pero todavía no lo vemos. Una energía lo invade todo, gira Neptuno, y ahí aparece en su papamóvil. La bendición de bebés nos permite disfrutar un poco más de su presencia. Magisterio silente y poderoso en cada gesto sobre esas cabecitas peladas.

La misa es todo belleza, los cantos del coro de la JMJ, las lecturas, la homilía, «Nadie que se arrodilla ante Dios puede humillar a su hermano», credo, ofrendas, santo, consagración con miles de familias arrodilladas juntas en el centro de Madrid, en silencio, escuchando las palabras de León. Llega la comunión y aunque parece difícil, la cola es larga, hoy no hay prisa, se celebra el Corpus, y el tiempo se ha parado, es la fiesta del Señor. Nada te turbe, Anima Christi, Cantemos al amor de los amores, mientras esperamos para recibir al Señor.

En la procesión, el papa mismo carga con la custodia. El Señor, subiendo y bajando la Gran Vía sobre alfombras de flores, mientras León XIV, bajo palio, tan cansado como emocionado, es un simple servidor de Jesucristo sacramentado. Otra lección.

Con la bendición, en calma, felices, las familias intentan volver a sus casas y a sus vidas. Los niños piden baño, los adultos un segundo café, pero todos ellos vuelven sabiendo que no están solos, que no son raros, que miles de familias en España aún mantienen la fe de sus padres y que, como dice el santo padre, merece la pena luchar por transformar el mundo.

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