Libros con alma

Magnifica humanitas, la dignidad humana ante la inteligencia artificial

Andrés Jiménez Abad

Portada de la encíclica Magnifica humanitas (BAC)
Portada de la encíclica Magnifica humanitas (BAC)

La encíclica firmada por León XIV el 15 de mayo pasado contempla la irrupción de la inteligencia artificial como una clave fundamental de nuestro tiempo.

Afirma el pontífice: «Al proponer estas reflexiones deseo, sobre todo, ayudar a los fieles laicos y a todas las mujeres y los hombres de buena voluntad a redescubrir la propia tarea de hacer presente en lo cotidiano —en las relaciones familiares, en el trabajo y en la participación social— los principios que voy a señalar, dejándose animar por el propósito de encarnar el amor de Dios en la trama concreta de la historia» (n. 47).

Del mismo modo que León XIII en la Rerum novarum iluminó las heridas sociales de la revolución industrial, Magnifica humanitas, ante el poder silencioso de los datos, los algoritmos y las plataformas, se pregunta: ¿será la técnica una servidora de la humanidad o terminará convirtiéndose en su medida?

La respuesta nace de la doctrina social de la Iglesia y de sus principios permanentes: la dignidad inviolable de toda persona, el bien común, el destino universal de los bienes, la solidaridad, la subsidiariedad y la justicia social. Desde esta perspectiva, la inteligencia artificial no es condenada ni divinizada. Puede aliviar sufrimientos, ampliar capacidades y favorecer la cooperación; pero deja de ser progreso cuando reduce al ser humano a rendimiento, perfil estadístico o pieza reemplazable de una maquinaria eficiente.

La técnica, recuerda la encíclica, nunca es enteramente neutral: lleva consigo las decisiones de quienes la conciben, financian, regulan y utilizan. Por ello, el poder digital exige responsabilidad, transparencia y una gestión sometida al interés público. Allí donde los datos se concentran sin control, crecen el dominio y la desigualdad; donde la comunicación se entrega a la manipulación, la verdad se debilita; y donde decisiones sobre el trabajo, la justicia o la guerra se confían a procesos opacos, la responsabilidad moral corre el riesgo de disolverse.

Frente a estos peligros, Magnifica humanitas propone una tarea política, educativa y espiritual: no frenar la innovación, sino darle rumbo. Las leyes han de proteger los derechos; la educación debe formar el juicio, y no solo la destreza; la economía ha de preservar el trabajo digno; y toda transición tecnológica debe medirse por su capacidad de cuidar a los vulnerables, sostener la paz y ensanchar la libertad.

En último término, el desafío no consiste en escoger entre humanidad y tecnología, sino en impedir que la técnica olvide a la persona para la que fue creada. Ninguna máquina puede sustituir la conciencia que discierne, el corazón que acoge ni la voluntad que responde por sus actos. Allí donde el algoritmo calcula, corresponde al ser humano comprender; donde la velocidad deslumbra, la prudencia debe ordenar; y donde el poder promete hacerlo todo posible, la dignidad recuerda que no todo lo posible es justo. Solo así la inteligencia artificial ocupará su lugar verdadero: herramienta de una civilización capaz de escuchar, cuidar y amar.

Hagase
Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.